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Maestros chicharreros en estado puro:

“Nunca es tarde cuando la dicha es buena” se suele decir, y no digamos cuando la dicha se viste de bajada a la Kalita. Es por eso que con retraso os comento la miniexcursión a la famosa cala de la costa de la vela que realizamos el pasado cuatro de Octubre.


Cuando uno piensa en la Kalita, lo hace por tres razones principalmente. La primera es porque no cae nada en ningún lado, se tiene un grado considerable de mono y se cae en la falsa sensación de que allí se va a hinchar uno a papar de izquierdas y de derechas.La segunda es porque se ha tenido un mal sueño en dicho lugar, con olas de tres metros y corrientes que quitan el neopreno sin bajar la cremallera.Y la tercera es porque nos estamos cachondeando de la jugada del Wampa cuando se le ocurrió dar un paseo por entre los percebes.

Esta ocasión era especial porque el tránsfuga del surf, anteriormente conocido como Twokilla,hoy en día ferviente acólito del obispo corchero Chocomán, estrenaba body…y todos esos cahibaches que usan para, al final pillarse las olas tumbados.

Hacía más de año y medio que el pie izquierdo del membrillo Azote dejaba de pisar la arena de la Kalita para remontar la pared de roca afilada que proporciona entrada a la abrupta y esquiva playa y empremder el camino de regreso.pasado este tiempo, nos encontrábamos en el mismo escenario, servidor acompañado por Chocoman y Twoki. Tras sufrir un ligero percance con la cremallera de mi traje (prometo no comprarle más un neopreno al de Pura Vida…y cuidar más el próximo) no metimos en el agua. A un lado maestro y pupilo intercambiando conocimientos y al otro un solitario Azote al que le faltaban los de su especie…Un par de olillas aprobechables fué para lo que dio la mañana, que a medida que transcurría más fofo se ponía el mar.

Sigue siendo para nosotros, por lo menos para mi, la ola de la Kalita una ola perra de dominar, bien sea por el fondo, por la proximidad de las rompientes…no lo sé. Lo cierto es que todavía queda mucha piedra que picar por allí abajo.Derrotados y compulgidos sólamente un bañito en tan idílico paraje nos devolvió la sonrisa. Aquella referescante corriente marina, recorría nuestros miembros que hacía unos minutos se encontraban prisioneros de agobiantes neoprenos. Membrillo y naturaleza en pleno contacto, el pollo y la inmensidad del mar en armónica simbiosis.

Como siempre el regreso es lo mas duro. En esta ocasión por el camino nos acompañaron habitantes de la biosfera del lugar tan típicos como las comadrejas (para mi que eran ratas creciditas) y un peculiar pero bastante común arácnido que en un principio provocó la histeria y el pánico de algunos de los que allí se hallaban.